Ha salido de casa antes de lo previsto, eso sí, se ha peinado muy bien y lleva ese perfume de marca que anuncian en la tele y que cuesta tan caro.
-¡Jorge!- le llaman desde la otra esquina, Se da la vuelta y ve a Alex, su mejor amigo. Lo han sido desde los ocho años, y ahora tienen ya diecinueve y veintiuno respectivamente. -¿Bajas?.- No que tengo que terminar el trabajo de ética-. -Bueno, tú te lo pierdes, te espero en el bar a las ocho.-
Pero quedan más de dos horas para que sean las ocho. A Jorge le encanta pasear o sentarse en la terraza de su bar preferido y mirar los rostros de la gente que pasan delante de su insaciable mirada. Con frecuencia se inventa historias completas sobre ellos, a medida que las caras le hablan de los sentimientos de otros, del dolor, de la alegría, de mil cosas...Piensa incluso, que podría dirigir una película que se titulara "que me hable tu cara", pero bueno, sólo lo piensa y se ríe.
También le gusta el sol, la playa, el mar, los chicos, la sal, la cerveza y las gominolas, pero siempre, a ser posible, compartidas con alguien.
Alex respira más rápido cuando ve a Laura en la ventana de enfrente. Ve su cara y la mitad de su cuerpo, que quedó sentenciado sobre una silla de ruedas hace cuatro años cuando volvía de pasar una tarde de domingo con sus padres en el campo. Al volver, se les cruzó un Seat Ibiza tres puertas con cuatro chicos que volvían de un after. -No vimos el otro coche- declararon todos cuando despertaron en el hospital. La "fortuna" quiso que tanto los cuatro chicos como los padres de Laura salieran ilesos del accidente, apenas unos rasguños para los chavales y unas cicatriz en el alma de los padres de Laura que nunca se perdonarán el por qué permitieron que ella fuera sin cinturón de seguridad en los trayectos cortos. - Pero vamos, que le sobra movimiento al cuerpo de Laura- dice Alex, -¡con esos ojos que tiene la chica!-
Laura tiene veinte años, pero siempre dice que tiene dieciséis, pues hace cuatro que se le paró el tiempo. La tristeza lucha contra la belleza de su rostro y de su alma, atrapada en ese cuerpo inmóvil e inmaculado.
Alex sueña con Laura casi cada noche, y aunque no lo haga, la desea.
Jorge adora a Alex, no puede vivir sin él. Han pasado tanto tiempo juntos, que cuando no está con él, parece como si estuviera de mudanza, o que Dios no hubiera terminado de crear el cielo.
Edu era el novio de Laura antes del accidente. Esa tarde de domingo no fue con ella, pues quería ver el partido Madrid - Barça. Cada domingo por la tarde Laura piensa en él, y sabe que en ese mismo instante estará con Ana, la que fue su mejor amiga antes del accidente. Con razón dice que tiene dieciséis años...
Aunque tiene paralizado el cuerpo de cintura para abajo, la belleza parece haber encontrado un lienzo ideal para dibujar la cara más bonita del mundo; y eso a pesar de los metros que separan una ventana de la otra.
Uno de los días en que Alex observaba a Laura desde su balcón, ella le miró directamente a los ojos y tuvo la sensación de que había una autopista entre ambos. Fueron apenas unas milésimas de segundo, pero el tráfico de emociones y sentimientos fue increíble. Fue tal la impresión de Laura, que hasta creyó que sus piernas se movían.
Pero Jorge sigue esperando en la terraza del bar hasta que sean las ocho. Anda tanto como puede y no para de inventar, de crear, tiene la cabeza llena de fantasías maravillosas, ideas locas, imaginando todo aquello que no ha podido ver o vivir, o ambas cosas.
Laura sigue soñando con Edu.
Jorge sólo quiere estar con Alex.
Ana llora siempre que no la ven, pues ya no quiere a Edu, que por cierto se ha fijado en otra chica.
Ya casi son las ocho. Jorge se apresura para llegar el primero. A Alex le sale la ética por las orejas, se lo pasa bien con Jorge.
Ana y Edu están en el cine, así no tienen que hablar.
Mientras, Laura descubre que no necesita las piernas para amar y ser amada, y espera en un silencio casi mágico, el día en el que sienta que pueda cumplir otro año.
(by vertuxo 2005/ revised 2012)
v e r t u x o
domingo 5 de febrero de 2012
jueves 17 de noviembre de 2011
Capítulo 17: La piscina
Ahora ya no sabe por donde camina, es la inercia la que le empuja a seguir esa ruta marcada por el tiempo, los acontecimientos, los encuentros, las distancias, las carreras. Pero es mejor seguir andando que quedarse parado, que quedarse parada. La niebla no entiende de fronteras, ni el mar de límites marcados por los hombres. Deja que la arena de la playa acaricie una mañana más sus pies gastados por esa incansable carrera lenta hacia la nada. Aveces se siente así, otras se sienta como puede en aquel bar para observar, casi adorar a las personas que se cruzan en ese familiar escenario: iglesia de todo aquel que necesita contarse algo a sí mismo, al camarero o al amigo cómplice. Simula una sonrisa mientras llora por dentro todo lo que le queda, si es que puede; esa tarde hay viento sur, y es precisamente ahí donde se encuentra Laura, en el sur de su vida.
... son las 4 y media de la mañana y Jorge ha bebido más de lo aceptable: agua de valencia, sangría, algún que otro cubata y lo que ya ni recuerda. En verano y en el mediterráneo se puede estar toda la noche en la calle sin pasar frío, ¡se está tan a gusto! No suele ser de los que enseñan nada, de hecho tiene bastante pudor y nunca deja que le vean ni el calzoncillos, por no hablar de sus complejos, es más delgado que la manilla de un reloj... Pero el alcohol hace "maravillas", y Jorge se desnuda de un tirón y se tira a la piscina de la urbanización, el resto de los chicos no iban a ser menos, y por una vez Jorge es el líder de esa estúpida pandilla de amigos de verano en la que siempre ha sido el último mono. ¡Da gusto bañarse desnudo!-piensa, si es que puede, Jorge. A la mañana siguiente amanece tirado en el salón del apartamento, ha dormido junto a parte de su propio vómito y casi no recuerda lo que le ha pasado. Su madre le riñe lo justo. Al salir de casa encuentra la otra parte de su vómito por las escaleras, así que coge la fregona y se pone a limpiarlo. No será la primera vez que limpie escaleras, no, que va...
El resto del verano lo pasa como siempre, se siente como un cero a la izquierda. Es el menos popular del grupo, nadie le escucha cuando habla, cosa que apenas logra hacer por temor, vergüenza, o miedo a hacer el ridículo. Otro verano más sin comerse un rosco, mientras tiene que aguantar como el resto de los chicos de su pandilla se devoran a las chicas delante de sus propios ojos. ¡Qué injusta es la vida!
Son las 6 de la mañana y toda la familia está ya dispuesta a realizar el viaje más triste del año, que es precisamente el de vuelta de las vacaciones, tras dos meses de luz, mar, sol. Sin embargo para Jorge es el día de la liberación, pues no soporta sentirse tan desubicado durante tanto tiempo, par él es una tortura. Los hermanos y hermanas de Jorge se despiden llorando de la pandilla. A Jorge casi nadie le dice nada, les da igual. Jorge casi llora también, pero esta vez de la emoción, de saber que volverá a su fría ciudad donde podrá refugiarse en su casa comiendo gominolas, yogures de chocolate, escuchando música a todo volumen,. cantando sólo en su cuarto y viendo la bola de cristal, que viene a ser como su catecismo de la infancia.
...
Parece el parking de carrefour, pero en realidad es el parking de una de las iglesias evangélicas más grandes de Memphis. Son recibidos y tratados como estrellas: una mansión de lujo, coche propio, los mejores instrumentos musicales, el mejor estudio y técnico de sonido. Un mes para grabar un disco con sabor a despedida. Jorge está más allí que aquí, todo esto ya le suena a chino, de hecho el formato en el que vive es tan surrealista, hipócrita, estúpido, tan poco sincero... Sabe perfectamente que no es su lugar. Casi todo es de plástico, postizo, decorado caro, y eso ya no lo puede aguantar. Aún así tiene y tienen la capacidad de sacar lo mejor de cada situación.
...
Escribe lo que quieras, pero escribe. Porque todo eso tiene que salir por algún sitio, le gustan las calles de Barcelona en diciembre, con esa luz. Su cabeza ya ha estallado, su corazón hecho pedazos, tirado, pisoteado, humillado, listo para ser nuevo. El tren de Barcelona a Tarragona le permite soñar con lo prohibido, en lo dulce, en él mismo. Ha decidido quererse por primera vez en tantos años... y ve el mar casi constantemente, sentado junto a la ventanilla del tren, con los cascos puestos, escuchando su propia música.
Escribe en su diario, está más solo que nunca, ¿quién lo diría? después de tantos conciertos, de tantas fotos, de tantos "amigos y amigas", de tantas luces, de tanta fantasía. Sin embargo por fin logra estar consigo mismo y amar, amar de veras, conocer a Dios si es que existe (cosa que cree con todo su corazón). Y escribe un poema con trozos de diferentes canciones suyas, tratando de resumir sus últimos doce años, a modo de despedida, de despertar. Es un día precioso y la rambla de Tarragona es mágica por la mañana, pasea por ella y mira al mar antes de encontrarse con Jazmín. Esa noche también se tira a la piscina, pero esta vez no está solo. Jorge y jazmín pasan la noche jugando.
Ama, llora, reza, ríe, ¡vive!
... son las 4 y media de la mañana y Jorge ha bebido más de lo aceptable: agua de valencia, sangría, algún que otro cubata y lo que ya ni recuerda. En verano y en el mediterráneo se puede estar toda la noche en la calle sin pasar frío, ¡se está tan a gusto! No suele ser de los que enseñan nada, de hecho tiene bastante pudor y nunca deja que le vean ni el calzoncillos, por no hablar de sus complejos, es más delgado que la manilla de un reloj... Pero el alcohol hace "maravillas", y Jorge se desnuda de un tirón y se tira a la piscina de la urbanización, el resto de los chicos no iban a ser menos, y por una vez Jorge es el líder de esa estúpida pandilla de amigos de verano en la que siempre ha sido el último mono. ¡Da gusto bañarse desnudo!-piensa, si es que puede, Jorge. A la mañana siguiente amanece tirado en el salón del apartamento, ha dormido junto a parte de su propio vómito y casi no recuerda lo que le ha pasado. Su madre le riñe lo justo. Al salir de casa encuentra la otra parte de su vómito por las escaleras, así que coge la fregona y se pone a limpiarlo. No será la primera vez que limpie escaleras, no, que va...
El resto del verano lo pasa como siempre, se siente como un cero a la izquierda. Es el menos popular del grupo, nadie le escucha cuando habla, cosa que apenas logra hacer por temor, vergüenza, o miedo a hacer el ridículo. Otro verano más sin comerse un rosco, mientras tiene que aguantar como el resto de los chicos de su pandilla se devoran a las chicas delante de sus propios ojos. ¡Qué injusta es la vida!
Son las 6 de la mañana y toda la familia está ya dispuesta a realizar el viaje más triste del año, que es precisamente el de vuelta de las vacaciones, tras dos meses de luz, mar, sol. Sin embargo para Jorge es el día de la liberación, pues no soporta sentirse tan desubicado durante tanto tiempo, par él es una tortura. Los hermanos y hermanas de Jorge se despiden llorando de la pandilla. A Jorge casi nadie le dice nada, les da igual. Jorge casi llora también, pero esta vez de la emoción, de saber que volverá a su fría ciudad donde podrá refugiarse en su casa comiendo gominolas, yogures de chocolate, escuchando música a todo volumen,. cantando sólo en su cuarto y viendo la bola de cristal, que viene a ser como su catecismo de la infancia.
...
Parece el parking de carrefour, pero en realidad es el parking de una de las iglesias evangélicas más grandes de Memphis. Son recibidos y tratados como estrellas: una mansión de lujo, coche propio, los mejores instrumentos musicales, el mejor estudio y técnico de sonido. Un mes para grabar un disco con sabor a despedida. Jorge está más allí que aquí, todo esto ya le suena a chino, de hecho el formato en el que vive es tan surrealista, hipócrita, estúpido, tan poco sincero... Sabe perfectamente que no es su lugar. Casi todo es de plástico, postizo, decorado caro, y eso ya no lo puede aguantar. Aún así tiene y tienen la capacidad de sacar lo mejor de cada situación.
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Escribe lo que quieras, pero escribe. Porque todo eso tiene que salir por algún sitio, le gustan las calles de Barcelona en diciembre, con esa luz. Su cabeza ya ha estallado, su corazón hecho pedazos, tirado, pisoteado, humillado, listo para ser nuevo. El tren de Barcelona a Tarragona le permite soñar con lo prohibido, en lo dulce, en él mismo. Ha decidido quererse por primera vez en tantos años... y ve el mar casi constantemente, sentado junto a la ventanilla del tren, con los cascos puestos, escuchando su propia música.
Escribe en su diario, está más solo que nunca, ¿quién lo diría? después de tantos conciertos, de tantas fotos, de tantos "amigos y amigas", de tantas luces, de tanta fantasía. Sin embargo por fin logra estar consigo mismo y amar, amar de veras, conocer a Dios si es que existe (cosa que cree con todo su corazón). Y escribe un poema con trozos de diferentes canciones suyas, tratando de resumir sus últimos doce años, a modo de despedida, de despertar. Es un día precioso y la rambla de Tarragona es mágica por la mañana, pasea por ella y mira al mar antes de encontrarse con Jazmín. Esa noche también se tira a la piscina, pero esta vez no está solo. Jorge y jazmín pasan la noche jugando.
Ama, llora, reza, ríe, ¡vive!
viernes 1 de abril de 2011
Capítulo 16: Lea
Lea es muy buena persona, pero un poco puta, todo hay que decirlo. Le encanta provocar y seducir a los tíos, bien sea porque le interesan o porque simplemente a ella le interesa ser deseada. En eso se parece un poco a Jorge, puta de nacimiento en el sentido más limpio y divertido de la palabra. Y eso que si le preguntas a sus amigos, nunca dirían eso de él; pero es que como él mismo dice: es más malo y más bueno de lo que parece…
-Vamos a tomar la última en la “La Pécora”- , le dice Lea a Jorge, -venga, y luego te acompaño un poco a casa-. No es difícil convencerle y más cuando se trata de prolongar la noche, la fiesta y la juerga; así que se van a la “Pécora”, y lo que iba a ser la última copa, se convierte en la antepenúltima. ¡Qué bien se entienden!, tienen una relación intensa, casi como si fueran un matrimonio, y eso que Lea le saca nueve años a Jorge.
Hablan todos los días por teléfono durante más de media hora, y aún así, raro es el día que no queden para verse, o para hacer simplemente nada. Y es que cuando se está bien con alguien, no hace falta programar nada para ser felices. No obstante, algo habitual en ellos es ir al cine los viernes por las tardes. Lea “pervierte” cada semana un poquito a Jorge con un tipo de cine poco comercial, cine español a veces de un tal Pedro Almodobar. Suelen ir a la sesión de las 19:45, compran palomitas y coca cola. Siempre paga Lea, que para eso curra, Jorge pone su carita, sus ojitos y esa capacidad que tiene de sonreír y querer con la mirada. No se tocan, de hecho Jorge con sus 17 años parece bastante más crío, aunque ya apunta maneras en su manera de vestir, pero no lo arregla mucho, porque aunque vaya muy moderno, más que un chico más mayor, parece una chica mona. Así que ven la peli y Lea se come las palomitas pensando en lo mucho que le gustaría comerse a Jorge, así, aunque fuera a trocitos; pero Jorge está en la inopia y a él le mola más el dopaje que le proporciona la coca cola para poder aguantar luego a la noche hasta tarde, eso sí, luego a martinis blancos y alguna que otra cerveza.
Casi no cenan, Lea viene de un pasado donde se ha tenido que buscar la vida y aunque es preciosa y sus ojos verdes estén llenos de luz, viene del mundo de las drogas y de todo lo que ello trae consigo. Nada que ver con Jorge, que jamás ha probado nada, y cuando digo nada, es nada de nada. Satélites contrastados que saben acompañarse, quererse y ser el uno para el otro. Jorge pasa sin cenar también, pues come muy mal y muy poco, se alimenta básicamente de dulces, pasta con tomate, yogures de chocolate y gominolas; de ahí ese cuerpecito que no acaba de hacerse…
No hace falta follar para sentirse uno con alguien, y esta lección es algo que experimentará Jorge en más relaciones en el futuro (probablemente) Sin embargo un día, tomando un café, a plena luz del día, Lea le suelta a Jorge que lo único que les falta hacer juntos es el amor. Jorge se queda un poco traspuesto, quizás una mezcla de – ¿y a esto que se contesta?- con -¡qué bien que alguien quiera hacer el amor conmigo!- Pero evidentemente no lo hacen, a Jorge no le sale, y sencillamente capea la situación con sensibilidad y diplomacia. Lea es fuerte, así que esto no bloquea en absoluto su relación.
…
Son las 6 y media de la mañana y Jorge escucha el canto de los pájaros en la ventana de su habitación, se despierta con esa melodía y siente que está en el cielo. Se apresura a subir la persiana y ver la luz del día a esas horas en las que la mayoría aún duerme, en esos preciosos primeros días de primavera. Está tan enamorado de Dios, de la vida, de la luz, del mar, de la gente, del café de la mañana, de los paseos por la playa, de TODO. Es una explosión de sentimientos que le hacen vibrar y soñar caro. Sueña con que un día pueda entender que él también tiene derecho de amar, de querer, aunque le llamen puta, o puto, o lo que sea… qué más da.
…
-Hay gente a la que le encanta tirar piedras a los demás, quizás porque en realidad se las deberían tirar a ellos/as mismos/as, pero no se atreven a enfrentar su propia realidad. Es más fácil juzgar a los demás, ridiculizar o hundir.- Piensa Jorge mientras pasea por la Gran Vía de Madrid y es abordado por prostitutas y travestis en una tarde-noche fría y lluviosa de otoño. Recuerda la poesía que escribió cuando era pequeñito, recuerda a Jesús escribiendo en la arena, y piensa – ¡hace tanto tiempo que no veo a Lea! ¿Qué será de ella? ¡Cómo me gustaría tomarme un café con ella, o emborracharnos juntos en algún pub de la zona, junto a otras “putas” como nosotros.
-Vamos a tomar la última en la “La Pécora”- , le dice Lea a Jorge, -venga, y luego te acompaño un poco a casa-. No es difícil convencerle y más cuando se trata de prolongar la noche, la fiesta y la juerga; así que se van a la “Pécora”, y lo que iba a ser la última copa, se convierte en la antepenúltima. ¡Qué bien se entienden!, tienen una relación intensa, casi como si fueran un matrimonio, y eso que Lea le saca nueve años a Jorge.
Hablan todos los días por teléfono durante más de media hora, y aún así, raro es el día que no queden para verse, o para hacer simplemente nada. Y es que cuando se está bien con alguien, no hace falta programar nada para ser felices. No obstante, algo habitual en ellos es ir al cine los viernes por las tardes. Lea “pervierte” cada semana un poquito a Jorge con un tipo de cine poco comercial, cine español a veces de un tal Pedro Almodobar. Suelen ir a la sesión de las 19:45, compran palomitas y coca cola. Siempre paga Lea, que para eso curra, Jorge pone su carita, sus ojitos y esa capacidad que tiene de sonreír y querer con la mirada. No se tocan, de hecho Jorge con sus 17 años parece bastante más crío, aunque ya apunta maneras en su manera de vestir, pero no lo arregla mucho, porque aunque vaya muy moderno, más que un chico más mayor, parece una chica mona. Así que ven la peli y Lea se come las palomitas pensando en lo mucho que le gustaría comerse a Jorge, así, aunque fuera a trocitos; pero Jorge está en la inopia y a él le mola más el dopaje que le proporciona la coca cola para poder aguantar luego a la noche hasta tarde, eso sí, luego a martinis blancos y alguna que otra cerveza.
Casi no cenan, Lea viene de un pasado donde se ha tenido que buscar la vida y aunque es preciosa y sus ojos verdes estén llenos de luz, viene del mundo de las drogas y de todo lo que ello trae consigo. Nada que ver con Jorge, que jamás ha probado nada, y cuando digo nada, es nada de nada. Satélites contrastados que saben acompañarse, quererse y ser el uno para el otro. Jorge pasa sin cenar también, pues come muy mal y muy poco, se alimenta básicamente de dulces, pasta con tomate, yogures de chocolate y gominolas; de ahí ese cuerpecito que no acaba de hacerse…
No hace falta follar para sentirse uno con alguien, y esta lección es algo que experimentará Jorge en más relaciones en el futuro (probablemente) Sin embargo un día, tomando un café, a plena luz del día, Lea le suelta a Jorge que lo único que les falta hacer juntos es el amor. Jorge se queda un poco traspuesto, quizás una mezcla de – ¿y a esto que se contesta?- con -¡qué bien que alguien quiera hacer el amor conmigo!- Pero evidentemente no lo hacen, a Jorge no le sale, y sencillamente capea la situación con sensibilidad y diplomacia. Lea es fuerte, así que esto no bloquea en absoluto su relación.
…
Son las 6 y media de la mañana y Jorge escucha el canto de los pájaros en la ventana de su habitación, se despierta con esa melodía y siente que está en el cielo. Se apresura a subir la persiana y ver la luz del día a esas horas en las que la mayoría aún duerme, en esos preciosos primeros días de primavera. Está tan enamorado de Dios, de la vida, de la luz, del mar, de la gente, del café de la mañana, de los paseos por la playa, de TODO. Es una explosión de sentimientos que le hacen vibrar y soñar caro. Sueña con que un día pueda entender que él también tiene derecho de amar, de querer, aunque le llamen puta, o puto, o lo que sea… qué más da.
…
-Hay gente a la que le encanta tirar piedras a los demás, quizás porque en realidad se las deberían tirar a ellos/as mismos/as, pero no se atreven a enfrentar su propia realidad. Es más fácil juzgar a los demás, ridiculizar o hundir.- Piensa Jorge mientras pasea por la Gran Vía de Madrid y es abordado por prostitutas y travestis en una tarde-noche fría y lluviosa de otoño. Recuerda la poesía que escribió cuando era pequeñito, recuerda a Jesús escribiendo en la arena, y piensa – ¡hace tanto tiempo que no veo a Lea! ¿Qué será de ella? ¡Cómo me gustaría tomarme un café con ella, o emborracharnos juntos en algún pub de la zona, junto a otras “putas” como nosotros.
miércoles 30 de marzo de 2011
Capitulo 15: Poros
Hacía tiempo que no dormía así, esa extraña sensación de sentirse abrazado durante toda la noche, querido, escuchado, consolado, quizás aceptado y deseado; y todo ello estando físicamente solo en una cama de noventa por uno noventa. Jorge ya no consigue dormir de esa manera.
…
-Pásame el cigarro, que le echo una calada- Pero Jorge no se da cuenta de que en realidad es un porro, y encima que él no fuma, lo coge con ganas debido al efecto de los tres martinis blancos que se ha tomado ya (¿o eran cuatro?), uno en el “Sector 22”, otro en el “Bésame mucho” y el otro no se acuerda dónde y es que a sus dieciocho años le va la marcha más que a un tonto una tiza. A la mañana siguiente, cuando coge el autobús para el barrio de Gamonal en su ciudad natal, se marea en la tercera parada y en cuanto puede se baja del bus para echar la pota. Demasiado veneno, tal vez, para un alma ingenua pero inquieta. Y eso que sólo echó una calada…
…
Suenan los tambores en Benirrás. Jorge y Nahi están pasando sus primeras vacaciones de verano juntos en la isla Bonita. Han pasado la tarde entera, entre sol, baños, yates de fondo, hasta que el sol redondo y rojo se coloca de fondo para representar su actuación diaria y única. El sonido de los tambores que tocan los hippies, y los bailes étnicos, adornan o enmarcan de manera exclusiva ese momento tan especial que, aunque se repita cada día, siempre es único. Se mezclan los colores, los olores, hasta que el sol se pone. Los gigantes ojos de Nahi brillan especialmente para Jorge. -¿Cómo puedo yo estar con el chico más bonito del mundo? Existen los ángeles- Piensa Nahi. No fuman porro como los otros, se “fuman” la puesta de sol y a ellos mismos. Viven el hoy, el ahora, lo único que es real.
…
Laura es enfermera en el Hospital de Valdecilla, y ella misma superó un cáncer hace unos años. Jorge es muy amigo de su hija (que se llama Laura también), y como ahora está tan ingresado como asustado en el hospital, Laura madre pasa a hacerle una visita. – Mira, lo primero es vencer el susto y luego tirar para adelante. Cuando empieces con la quimio, igual te viene bien fumar algún porro para quitar las nauseas y llevar mejor el dolor. A mí me ha ayudado, es terapéutico.- Dice Laura madre.
Finalmente no hizo falta… algunos lo llaman milagros, otros como Jorge, lo integran en lo cotidiano de su día a día. Jorge cree en los milagros, y los milagros parecen creer en él.
…
Más de mil jóvenes delante, esperando a qué salga a ese pedazo de escenario, Jorge sabe que no es nada, pero se siente poderosamente extraño y lleno de energía, la propia y la que ofrece un público tan espiritualmente entregado. Canta las canciones escritas en la intimidad y escucha a estos chavales cantarlas y sentirlas, no lo cambia por nada. ¿Cómo ha llegado Jorge hasta aquí? Y ¿Cuánto va a durar esto? Qué más da, lo importante es que hay vida, hay energía, espíritu, hay música, hay arte, hay subidón. Jorge imagina como puede sentirse un drogadicto cuando él mismo se somete a este tipo de “droga”, y por ello piensa que no las necesita.
…
Ayer se fue a la playa sólo, a su playa favorita, donde puede tomar el sol desnudo sin que nadie se sorprenda, que para eso están las playas nudistas. Se le acercó un chico, que bien podría ser su hermano menor, como su amigo, y es que Jorge no aparenta los cuarenta y uno, o al menos eso quiere creer… - Buenas, ¿me pasas la crema de protección? Es que se me ha olvidado y no me quiero quemar- Claro, responde Jorge, parece que no pega el sol pero sí ¿eh? Hay que tener cuidado en estos días de septiembre... Juan le da las gracias por la crema y le propone que le acompañe para fumarse un porro juntos. Jorge accede. ¿Por qué no? A estas alturas de la vida, igual hasta me viene bien.
…
“La vida está llena de agujeros, de pequeños poros por donde se escapan las cosas, por donde se filtran las emociones, los recuerdos. Poros por los que entra la luz, la vida la energía; poros por los cuales se respira. Parecen no tener importancia, pero sin ellos no habría vida. Poros que son silencios, que son espacios donde ser uno mismo, donde no cabe la vergüenza, el miedo ni el dolor, porque son huecos, son canales, de paso, de experiencias. Poros que desde lejos parece que ni existen, pero están, dando forma, aportando el oxígeno, dejando entrar y salir, no apresando”. Todo esto piensa Jorge, y sonríe por dentro. Esta noche va a descansar.
…
-Pásame el cigarro, que le echo una calada- Pero Jorge no se da cuenta de que en realidad es un porro, y encima que él no fuma, lo coge con ganas debido al efecto de los tres martinis blancos que se ha tomado ya (¿o eran cuatro?), uno en el “Sector 22”, otro en el “Bésame mucho” y el otro no se acuerda dónde y es que a sus dieciocho años le va la marcha más que a un tonto una tiza. A la mañana siguiente, cuando coge el autobús para el barrio de Gamonal en su ciudad natal, se marea en la tercera parada y en cuanto puede se baja del bus para echar la pota. Demasiado veneno, tal vez, para un alma ingenua pero inquieta. Y eso que sólo echó una calada…
…
Suenan los tambores en Benirrás. Jorge y Nahi están pasando sus primeras vacaciones de verano juntos en la isla Bonita. Han pasado la tarde entera, entre sol, baños, yates de fondo, hasta que el sol redondo y rojo se coloca de fondo para representar su actuación diaria y única. El sonido de los tambores que tocan los hippies, y los bailes étnicos, adornan o enmarcan de manera exclusiva ese momento tan especial que, aunque se repita cada día, siempre es único. Se mezclan los colores, los olores, hasta que el sol se pone. Los gigantes ojos de Nahi brillan especialmente para Jorge. -¿Cómo puedo yo estar con el chico más bonito del mundo? Existen los ángeles- Piensa Nahi. No fuman porro como los otros, se “fuman” la puesta de sol y a ellos mismos. Viven el hoy, el ahora, lo único que es real.
…
Laura es enfermera en el Hospital de Valdecilla, y ella misma superó un cáncer hace unos años. Jorge es muy amigo de su hija (que se llama Laura también), y como ahora está tan ingresado como asustado en el hospital, Laura madre pasa a hacerle una visita. – Mira, lo primero es vencer el susto y luego tirar para adelante. Cuando empieces con la quimio, igual te viene bien fumar algún porro para quitar las nauseas y llevar mejor el dolor. A mí me ha ayudado, es terapéutico.- Dice Laura madre.
Finalmente no hizo falta… algunos lo llaman milagros, otros como Jorge, lo integran en lo cotidiano de su día a día. Jorge cree en los milagros, y los milagros parecen creer en él.
…
Más de mil jóvenes delante, esperando a qué salga a ese pedazo de escenario, Jorge sabe que no es nada, pero se siente poderosamente extraño y lleno de energía, la propia y la que ofrece un público tan espiritualmente entregado. Canta las canciones escritas en la intimidad y escucha a estos chavales cantarlas y sentirlas, no lo cambia por nada. ¿Cómo ha llegado Jorge hasta aquí? Y ¿Cuánto va a durar esto? Qué más da, lo importante es que hay vida, hay energía, espíritu, hay música, hay arte, hay subidón. Jorge imagina como puede sentirse un drogadicto cuando él mismo se somete a este tipo de “droga”, y por ello piensa que no las necesita.
…
Ayer se fue a la playa sólo, a su playa favorita, donde puede tomar el sol desnudo sin que nadie se sorprenda, que para eso están las playas nudistas. Se le acercó un chico, que bien podría ser su hermano menor, como su amigo, y es que Jorge no aparenta los cuarenta y uno, o al menos eso quiere creer… - Buenas, ¿me pasas la crema de protección? Es que se me ha olvidado y no me quiero quemar- Claro, responde Jorge, parece que no pega el sol pero sí ¿eh? Hay que tener cuidado en estos días de septiembre... Juan le da las gracias por la crema y le propone que le acompañe para fumarse un porro juntos. Jorge accede. ¿Por qué no? A estas alturas de la vida, igual hasta me viene bien.
…
“La vida está llena de agujeros, de pequeños poros por donde se escapan las cosas, por donde se filtran las emociones, los recuerdos. Poros por los que entra la luz, la vida la energía; poros por los cuales se respira. Parecen no tener importancia, pero sin ellos no habría vida. Poros que son silencios, que son espacios donde ser uno mismo, donde no cabe la vergüenza, el miedo ni el dolor, porque son huecos, son canales, de paso, de experiencias. Poros que desde lejos parece que ni existen, pero están, dando forma, aportando el oxígeno, dejando entrar y salir, no apresando”. Todo esto piensa Jorge, y sonríe por dentro. Esta noche va a descansar.
Capítulo 14: RE
Jorge no REcuerda cuando empezó a inteREsarse por la música, y en concREto por la guitarra. Lo que si REcuerda es que de pequeño siempRE cantaba en los encuentros familiaREs, las salidas al campo y en los festivales del colegio, en los cuales ganó algún que otro pREmio. Tampoco se acuerda de cuántos años tenía la primera vez que escribió un poema o un texto, pero sí de cuando ganó el concurso en un programa de radio por una REdacción muy melancólica que hablaba del Otoño. Y es que la música y sobRE todo esa necesidad de compartir, expREsar, desnudar y gritar sus sentimientos, le vienen de serie al chaval.
…
Subido en un escenario totalmente equipado con los mejoREs instrumentos, luces y con una banda de músicos excepcionales, fREnte a un público de más de mil jóvenes gritando a coro “REvolución”. Jorge se siente a sus veintitantos en la gloria, o en su gloria, ¿o en la de Él? No lo sabe muy bien, es difícil de distinguir cuando el subidón de adREnalina es tan fuerte, el ambiente tan intenso, tan espiritual… el caso es que ahí está, lleno de convicción, entusiasmo y energía. Ese coro le acompañará durante varios años: “REvolución, REvolución, REvolución” y será cantado en difeREntes países. Acaba tan cansado…
…
Una de esas primeras veces en las que puso el acorde RE en la guitarra, fue para cantar una canción que decía: “y me cREía que era libRE, como el mar, como el mar…” Y es verdad, durante muchos años cREe ser libRE, aunque en REalidad está en una prisión en la que el mismo se ha metido, incitado por oportunistas y gente de buen corazón dispuestos a nutrir o aprovecharse de la dedicación y honestidad de un niño que nunca quieRE conformarse con lo establecido. No les culpa. Pero no es libRE, que va, vive en una burbuja, de la que de todas formas sabe sacar provecho y en la que, como no, apREnde mucho y le permite visitar difeREntes países y culturas. Su primer disco se titula “LibRE”.
…
Demasiados intentos, demasiados engaños, demasiados conciertos, demasiada pREsión, demasiados encuentros, demasiadas palabras, demasiadas expectativas, demasiados kilómetros, demasiados testimonios, demasiado esfuerzo para intentar agradar a los demás antes que a sí mismo; hacen que Jorge se derrumbe (en el mejor sentido de la palabra) y decida REinventarse a sí mismo. Para empezar debe REconocer lo evidente, ese REgalo que Dios le ha dado, y empezar a queRErse un poco más. Cambia su mundo exterior; el interior permanece, la burbuja se rompe, y casi todos los que dicen llamarse amigos desapaREcen. Es como si Jorge se hubiera muerto, cuando en REalidad REnace.
…
En algunos países al curriculum lo llaman “Hoja de vida”. Quizás sea eso lo único que tiene Jorge para pREsentarse a la entREvista de trabajo en la que es contrato como REsponsable de compras. El nombRE de la empREsa: Acorde,- no podía ser otro-, piensa Jorge cuando firma el contrato, a la vez que piensa -¿y esto como se hace?
Día tras día, pasan las semanas, los meses y hasta cuatro años sentado fREnte a un ordenador y REalizando una taREa que no le inteREsa en absoluto; -pero es que así es la vida REal-, se dice Jorge a sí mismo cada vez que ficha en la empREsa.
Suena el despertador y va a la oficina, y cada vez que se sienta, piensa en qué coño hace ahí, y por otro lado REconoce la gran suerte de tener un trabajo en condiciones donde le están enseñando todo la cara B de la vida, o la A…
…
Sabe que no puede competir con ellos, no tiene títulos, pero no es tonto, pronto se da cuenta de que no le quedan muchos cosas que comprar… Es hora de REinventarse de nuevo, REnacer, REsurgir de lo que queda tras una situación, apaREntemente dramática. Lo único triste es tener que dejar de ver a sus compañeros y compañeras a los que ha cogido un profundo cariño y de los que no REnuncia a volver a ver y mantener esa amistad. Es lo más valioso que le ha aportado la empREsa. El valor de la indemnización y del paro no vale nada comparado con ese pREcioso tesoro que son las personas que Jorge ha conocido. Al salir por última vez del trabajo, y ver la hipocREsía y la farsa de los directivos que le echan, Jorge se siente afortunado de no tener una moral tan baja como ellos y decide cantar una canción de camino a casa, como no, en RE mayor.
martes 20 de abril de 2010
Capítulo 13: Estrella

Estrella no sabe vivir tan abajo; siempre está imaginando, soñando, volando… se encuentra más cómoda en esa especie de placenta espiritual, donde las pautas que la impulsan no tienen nada que ver con los criterios tan limitados de eso a lo que llamamos tierra. Piensa estrella que todo está demasiado acotado aquí abajo; pero no obstante le gusta hacer turismo a lo absurdo de la sociedad material y materialista que el hombre ha creado para intentar asegurarse, sentirse protegido, donde intenta justificar lo que no hace falta. ¿Por qué se ponen tantas limitaciones?
- Piensa estrella-. Pero ella está enamorada de la gente, así que desciende, e intenta brillar sobre cada una de las personas (o regalos, que es como ella les llama), y se mezcla e involucra todo lo que puede con sus similares, a pesar de sentirse tan diferente. Hubo un día en el que estrella era casi como ellos, hasta que uno de los episodios de su vida le hizo reaccionar, era eso o vivir un infierno, y ella prefirió el “Reino de los Cielos” aquí en la tierra, pero a media altura. A los 39 años, siendo acuario, le diagnosticaron un cáncer y sufrió una operación de alto riesgo, sin demasiadas garantías más que la enorme fe que ella tenía, y las ganas de vivir, y esa extraña sensación de sentirse amada en medio de la indescriptible soledad a la que se enfrenta uno cuando se ve cara a cara con el final, o el posible final…
Tiene nombre de mujer, porque sabe que las mujeres son más valientes, tienen una mayor capacidad de afrontar el sufrimiento, el dolor, tirar para adelante,¡ parir!; los hombres tienen polla y gracias a Dios, algunos también tienen algo más. En realidad todos tienen el potencial de quitarse la coraza en la que se envuelven para, quizás sentirse más hombres, y cuando se despojan de ese traje, pueden llegar a ser hombres de verdad, de los que saben llorar, querer, respetar, sentir y mostrar sus sentimientos; Aunque eso lleve su tiempo.
Pero Estrella es una niña, siempre lo ha sido, y siempre lo será, porque sabe bien que la felicidad pertenece a los niños, a los que confían sin más, a los que se abandonan al amparo de su cuidador. Sabe que un niño no tiene temor a expresar lo que siente, a equivocarse, a meter la pata, a buscar, trastear, investigar; a un niño no le importa lo que los demás puedan opinar sobre él, ni se lo plantea, desconoce la serie de prejuicios a los que se ven sometidos los adultos. Ellos han inventado cosas como la culpa, la crítica, el juicio, todo ello basado en el miedo, uno de los principales estigmas y enemigos de la humanidad, el mayor engaño en el que se puede perder una mente y un corazón. El miedo paraliza –intenta explicar Estrella a todo el mundo-
Ella piensa que la mejor goma de borrar que conoce es el amor, y no quiere usar tipex, que sólo tapa lo que está debajo. Piensa que la mejor medicina para curar el alma es el perdón, y que nunca se pierde cuando uno perdona, tenga o no tenga la razón; en realidad eso es lo que menos importa, lo poderoso es esa capacidad de perdonar (que no olvidar, pues el recuerdo es tan humano como necesario). Estrella no toma paracetamol ni aspirinas para quitar el dolor, sencilla y complicadamente perdona. Esa es la clave de su felicidad y sobre todo de su libertad. A veces confunde esos términos, le parecen una misma cosa.
Estudió en la Escuela de Arte Dramático de su ciudad natal, pero no lo terminó, le faltó un año, como todos los estudios que ha estudiado, siempre los ha dejado un año antes; porque le da la gana, porque es libre, porque no le gustan los finales ni las despedidas; prefiere los punto y aparte y reinventarse, seguir descubriendo. Estudia hasta que se siente capaz de hacer lo que ha aprendido, pero sin títulos, esos que uniformizan a la gente y les hace tan justificados. No quiere las copias compulsadas ni los bastanteos, bastante tiene ella con ser quien es, y nadie le tiene que certificar nada. Su certificado es su sonrisa, su brillo, el que recibe del sol.
…
Lucía tuvo dos caídas importantes cuanto estaba embarazada de Estrella. Es que yo creo que es hiperactiva, además de criar a cuatro hijos más y de trabajar como maestra de preescolar, sigue yendo de aquí para allá como una loca, sin importarle que esté embarazada y que eso implica andar con cuidado. Desayuna de pie, previamente ha hecho ya las tareas de la casa y ha dejado la comida preparada, y eso para las 8 y media de la mañana. Probablemente sea el despertador oficial del edificio donde viven, pues su jornada comienza a las siete de la mañana subiendo once persianas de manera súbita, y provocando un estruendo considerable, a eso hay que añadirle el baile de la escoba. Empieza a barrer el largo pasillo en forma de L, golpeando las paredes arrítmicamente y despertando a cada miembro de la familia. Pero ella resuelve, sin duda.
Peligrosamente positiva, sale de cada situación con nuevas fuerzas, y eso lo mama estrella desde el primer momento.
-Con cuatro hijos ya teníamos suficiente- Reflexiona Lucía con su marido. En fin, ahora toca niña, es la serie: niña-niño-niña-niño, pues niña otra vez-. No piensa mucho más allá, simplifica todo en la vida. Y al final nace estrella con pito. – ¡Ahora hay que buscarle un nombre a este niño! ¡Y no habíamos pensado en ninguno!- así que Lucia, en su línea de hacer las cosas sencillas, piensa en el alumno más guapo que tiene y decide ponerle el mismo nombre a quien debería haberse llamado Estrella: Jorge.
…
Han pasado ya cuarenta y ocho horas tras la operación y Jorge es incapaz de moverse. Todo su interior ha sido removido, le han abierto el torax de lado a lado, y cada mínimo movimiento le produce un mareo y casi perdida de conocimiento por los dolores tan terribles que padece, y eso que está altamente drogado para poder soportarlo. Además tiene varias vías conectadas, una por el cuello, dos en los brazos, otros dos drenajes en ambas partes de la tripa, una cicatriz con 43 grapas y una sonda que le llega hasta el estómago y le sale por la nariz. Quizás sea la única vez en toda su vida en la que Jorge es incapaz de sonreír, le es mímicamente imposible.
Tienen que asearle. Para ello dos enfermeras usan una esponja y agua tibia, y le van desnudando y limpiando por partes, Jorge no puede hacer nada para ayudar, ni siquiera puede girarse. Entre las dos le dan la vuelta y Jorge ve las estrellas, ve a Estrella.
…
Apenas un mes más tarde Nahi y Jorge están mirando al cielo, en una noche de verano en la isla de Menorca. -¿ves las estrellas?- Le pregunta Nahi (el gran amor de Jorge). Jorge mira y piensa que ya las ha visto antes y que él mismo siente ser una de esas estrellas.
miércoles 24 de marzo de 2010
Capítulo 12: La pinza al revés: Ian

Espera tumbado sobre la fina arena de una de las calas más escondidas de Mikonos. Completamente desnudo y sin toalla, la arena, y su piel se funden con el ligero sudor de su cuerpo, el justo para sentirse unido, pero no atrapado. Son las 9 de la mañana, el sol calienta, pero no quema; la temperatura del agua es ideal para sumergirse en cualquier momento y cuantas veces sea necesario sin sentir frío ni calor, la misma sensación que debe sentir un bebé en el vientre de su madre, supone Ian... Veintiún años tiene él y su cuerpo. Escucha las olas del mar rompiendo tímidamente en la orilla, y es que el mar mediterráneo siempre ha sido tan sutil, tan reconfortante…
Ian se exhibe ante el sol, ante sí mismo, ante el sentimiento de libertad, paz e integridad que siempre le ha acompañado y que ha aprendido de su padre, quién supo educarle con una filosofía que cabalga entre lo hippie y lo académico. Inteligentemente libre, con la habilidad de resolver los episodios de la vida de manera artística, creativa y coherente. Así que Ian tiene razones para ser capaz de apreciar ese mágico momento con el sol.
Aparece Gerard en la escena, lleva chanclas y un pantalón largo blanco de lino que acaricia sus piernas al caminar. No lleva más, no quiere más, no desea nada más. Hasta que ve a Ian tumbado en la cala, parece que todo el sol se ha concentrado en ese cuerpo, perfecto, diseñado por el más exquisito y exigente artista. La piel de Ian es suave, brilla ligeramente, los restos de agua que quedan sobre su cuerpo procedente del último baño, provocan destellos que hipnotizan a Gerard, y éste no puede dejar de mirarle, se acerca lentamente a Ian, con respeto y deseo, en la misma proporción. Los ojos de Gerard se han iluminado, su mirada es tan limpia como el agua de ese mar, es dulce, cómplice con toda la belleza que le rodea. Como la cala es pequeña, y además están solos, parece que lo más razonable es tumbarse a tan sólo medio metro de Ian; pero no se atreve a tumbarse, más bien no quiere, prefiere estar sentado y observar.
Ian ya le ha visto, le ha sentido cerca, pero apenas ha abierto los ojos unos segundos, intuye que la mejor seducción es el silencio y la intriga de no saber lo que vendrá después, no quiere producir nada, iniciar nada, solo dejar que ocurra lo que tenga que ocurrir, le han enseñado a ser así de confiado y libre.
Pasan algo más de 15 minutos, la comunicación entre Ian y Gerad es bestial, sin mediar palabras, sin moverse, cada uno a lo suyo, sintiendo, imaginando, viviendo.
Las paredes del acantilado de la cala son de tierra arcillosa que algunos utilizan para untarse el cuerpo, dejar secarse por el sol y luego bañarse para limpiarse, es una mascarilla natural, una especie de lifting terapéutico. Gerard se levanta, coge una botella de plástico cortada por la mitad que encuentra cerca, y que se nota que han usado previamente para el mismo fin. Hace una masa con la tierra y el agua del mar, es de color anaranjado y de un tacto muy agradable. Se arrodilla frete a los pies de Ian que sigue tumbado boca arriba, y espera. Ian se da cuenta al sentir que le hace sombra, así que abre los ojos y sonríe lentamente al ver a Gerard también desnudo y con las manos impregnadas de la mezcla. Siguen sin hablarse, quizás tengan miedo a estropearlo, quizás no sea necesario. La mirada y la sonrisa le confirman a Gerard que Ian está dispuesto a recibir ese tratamiento. Vuelve a cerrar los ojos y Gerard empieza a untar el cuerpo de Ian empezando por los dedos de los pies, uno a uno y muy lentamente, como si estuviera esculpiendo y creando ese cuerpo en ese preciso instante. Lo hace con una delicadeza, dulzura y respeto impresionante, con dedicación, sin prisas, sin forzar, se deja llevar por las formas de la silueta de Ian y por la textura de la arcilla; a veces tiene la sensación de estar dándose un masaje a sí mismo. La tensión es tan intensa como la relajación. Ian se da la vuelta para que Gerard pueda terminar de embadurnar su cuerpo. El proceso dura casi una hora, Ian se queda casi dormido. Gerard empieza a untarse a si mismo, lo hace más rápidamente y se tumba también. El sol empieza a secar la arcilla sobre ambos cuerpos, produciendo una especie de grietas, hasta que sienten como tira de la piel, una sensación muy placentera. Sin planearlo, se dan la vuelta a la vez y dejan que el sol siga secando su piel, esta vez por delante. Giran sus cabezas el uno hacia el otro, aún tumbados, abren sus ojos y se miran. Sus ojos parecen más grandes, no parpadean ni pestañean, se miran fijamente, pero relajadamente. Se sienten muy cerca, es como si se conocieran de toda la vida, o de otra “toda la vida”; no saben por qué, pero se quieren, el amor no es anónimo cuando es sincero, genuino, cuando no tiene pautas. El amor es amor, piensan ambos, sin saberlo.
Se levantan y caminan introduciéndose coreográficamente en el mar, dados de la mano. No se frotan para limpiarse, prefieren que sean las caricias del agua salada y templada la que les limpie lentamente mientras miran hacia el horizonte, hacia el sol, mientras se miran el uno al otro, aunque les lleve más tiempo, les sobra todo el tiempo del mundo. Después se acarician el uno al otro dentro del agua para terminar de quitar los restos de la mezcla arcillosa y salen del agua. Se arrodillan uno frente al otro y se abrazan durante más de media hora. Gerard se echa a llorar, mientras Ian le sujeta la cabeza y limpia sus lágrimas.
Ian pronuncia muy torpemente su propio nombre, sin precederle el -me llamo-; Gerard contesta –Gerard- Vuelven a tumbarse sobre la arena boca abajo, hasta que su piel está totalmente seca, ha quedado tan limpia, tan suave… Aún siguen solos en la cala, Gerard se pone los pantalones y se despide con una mirada y un -¿te veré mañana?- Ian no contesta, sonríe y asiente con la mirada, dejando un ligero margen a la duda; es demasiado libre como para saber si mañana estará allí o en cualquier otro lugar. Cuando ya no alcanza ver a Gerard, Ian se sienta mirando hacia el mar y empieza a llorar casi sin sonido, es consciente de que ha sido la primera vez en su vida que ha sido capaz de hablar, aunque sólo haya sido medio pronunciar su nombre. Ian se quedó mudo cuando con tan sólo tres años presenció como un coche atropellaba y mataba a su madre, a él le salvó el carrito.
Busca inmediatamente el móvil para enviar un mensaje a su padre diciéndole que por fin ha podido hablar y escucharse a sí mismo. ¡Se siente tan feliz!
El amor es una fuerza capaz de hacer que el alma salga de su escondite.
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