Ha salido de casa antes de lo previsto, eso sí, se ha peinado muy bien y lleva ese perfume de marca que anuncian en la tele y que cuesta tan caro.
-¡Jorge!- le llaman desde la otra esquina, Se da la vuelta y ve a Alex, su mejor amigo. Lo han sido desde los ocho años, y ahora tienen ya diecinueve y veintiuno respectivamente. -¿Bajas?.- No que tengo que terminar el trabajo de ética-. -Bueno, tú te lo pierdes, te espero en el bar a las ocho.-
Pero quedan más de dos horas para que sean las ocho. A Jorge le encanta pasear o sentarse en la terraza de su bar preferido y mirar los rostros de la gente que pasan delante de su insaciable mirada. Con frecuencia se inventa historias completas sobre ellos, a medida que las caras le hablan de los sentimientos de otros, del dolor, de la alegría, de mil cosas...Piensa incluso, que podría dirigir una película que se titulara "que me hable tu cara", pero bueno, sólo lo piensa y se ríe.
También le gusta el sol, la playa, el mar, los chicos, la sal, la cerveza y las gominolas, pero siempre, a ser posible, compartidas con alguien.
Alex respira más rápido cuando ve a Laura en la ventana de enfrente. Ve su cara y la mitad de su cuerpo, que quedó sentenciado sobre una silla de ruedas hace cuatro años cuando volvía de pasar una tarde de domingo con sus padres en el campo. Al volver, se les cruzó un Seat Ibiza tres puertas con cuatro chicos que volvían de un after. -No vimos el otro coche- declararon todos cuando despertaron en el hospital. La "fortuna" quiso que tanto los cuatro chicos como los padres de Laura salieran ilesos del accidente, apenas unos rasguños para los chavales y unas cicatriz en el alma de los padres de Laura que nunca se perdonarán el por qué permitieron que ella fuera sin cinturón de seguridad en los trayectos cortos. - Pero vamos, que le sobra movimiento al cuerpo de Laura- dice Alex, -¡con esos ojos que tiene la chica!-
Laura tiene veinte años, pero siempre dice que tiene dieciséis, pues hace cuatro que se le paró el tiempo. La tristeza lucha contra la belleza de su rostro y de su alma, atrapada en ese cuerpo inmóvil e inmaculado.
Alex sueña con Laura casi cada noche, y aunque no lo haga, la desea.
Jorge adora a Alex, no puede vivir sin él. Han pasado tanto tiempo juntos, que cuando no está con él, parece como si estuviera de mudanza, o que Dios no hubiera terminado de crear el cielo.
Edu era el novio de Laura antes del accidente. Esa tarde de domingo no fue con ella, pues quería ver el partido Madrid - Barça. Cada domingo por la tarde Laura piensa en él, y sabe que en ese mismo instante estará con Ana, la que fue su mejor amiga antes del accidente. Con razón dice que tiene dieciséis años...
Aunque tiene paralizado el cuerpo de cintura para abajo, la belleza parece haber encontrado un lienzo ideal para dibujar la cara más bonita del mundo; y eso a pesar de los metros que separan una ventana de la otra.
Uno de los días en que Alex observaba a Laura desde su balcón, ella le miró directamente a los ojos y tuvo la sensación de que había una autopista entre ambos. Fueron apenas unas milésimas de segundo, pero el tráfico de emociones y sentimientos fue increíble. Fue tal la impresión de Laura, que hasta creyó que sus piernas se movían.
Pero Jorge sigue esperando en la terraza del bar hasta que sean las ocho. Anda tanto como puede y no para de inventar, de crear, tiene la cabeza llena de fantasías maravillosas, ideas locas, imaginando todo aquello que no ha podido ver o vivir, o ambas cosas.
Laura sigue soñando con Edu.
Jorge sólo quiere estar con Alex.
Ana llora siempre que no la ven, pues ya no quiere a Edu, que por cierto se ha fijado en otra chica.
Ya casi son las ocho. Jorge se apresura para llegar el primero. A Alex le sale la ética por las orejas, se lo pasa bien con Jorge.
Ana y Edu están en el cine, así no tienen que hablar.
Mientras, Laura descubre que no necesita las piernas para amar y ser amada, y espera en un silencio casi mágico, el día en el que sienta que pueda cumplir otro año.
(by vertuxo 2005/ revised 2012)
